sábado, 29 de septiembre de 2012

El enemigo es un poco más grande que Clarín

En ocasión de la charla brindada por Luis Suárez Salazar en el Cefma, el secretario del Partido Comunista argentino, Patricio Echegaray, invocó la memoria del recientemente fallecido historiador marxista británico Eric Hosbawm: “Él llamaba a no perder la curiosidad, por lo que hay que volver a la edad de los por qué. Cuando uno se pregunta por qué pasan las cosas se encuentra con que la realidad nunca es la misma”, por eso “sugiero que nos preguntemos cuáles son las ideas fundamentales del Che que nosotros estamos utilizando en nuestra política, en nuestra cultura, para hacer caracterizaciones respecto al gobierno y tomar posicionamientos”.
Refiriéndose a Guevara reflexionó que “si hay algo en la visión guevarista del mundo, de la política y de los cambios, es el internacionalismo” y que “incluso el Che es uno de los grandes teóricos modernos del pensamiento revolucionario, que tomó el marxismo, el leninismo, a Gramsci y a Mao Tsé Tung y que estudió todo el proceso revolucionario con una gran pasión científica”. Agregó: “el Che iluminó todos los enfoques del marxismo”. Luego, Echegaray especificó que “el tema del internacionalismo en nuestra política es fundamental al punto que tenemos que ubicar que valoramos de este gobierno el gran hecho de que fue capaz de romper con las relaciones carnales del menemismo”. En este punto, aclaró: “No se olviden que se venía de las relaciones carnales, lo que era una discontinuidad en el peronismo, porque es verdad que Perón ubica que la Argentina, si quería desarrollarse, si se proponía ser potencia, chocaba objetivamente con Estados Unidos y si bien es cierto que se puso muy de moda aquello de ‘ni yanquis ni marxistas’, también es cierto que Perón abrió las relaciones comerciales con la Unión Soviética”.
Echegaray recordó algunos conceptos presentados con antelación por Suárez Salazar, como el de la plutocracia actualmente en el poder.
“En el tema del imperialismo y la plutocracia hay mucho que trabajar. En los gobiernos del capitalismo llamado ‘humanizado’ la tendencia es edulcorar y esperanzarse de que con el imperialismo es posible llegar al entendimiento, que es posible obtener una comprensión y que se le pueden hacer algunas concesiones, como la Ley Antiterrorista. Por eso acá la economía se debate en una situación sin salida. El tema es cómo hacemos para tocar los intereses de las 370 empresas que manejan la economía argentina, que son mayoritariamente norteamericanas, a las cuales casi no se les cobra impuestos.”
Asimismo, el secretario del PCA opinó sobre el amotinamiento disfrazado de protesta gremial que la semana pasada encararon prefectos y gendarmes: “estamos con una fogata en el centro de la ciudad”. Y pidió: “No nos comamos el ‘discurso 6-7-8’, que dice que el enemigo fundamental es Clarín, el enemigo es un poco más complejo, más grande y con una cantidad de recursos más extensos que los de Clarín, que es una parte del imperio, pero hay fuerzas armadas donde el imperio tiene su peso. Y está el poder económico, que no ha sido tocado para nada”.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Los Caceroludos no salieron por Julio López.


La marcha del yo

Eduardo Aliverti

Unos  por  poco.  Otros,  por  demasiado.  Y  una  ¿menudencia?,  con  tanto  de hipocresía como de ingenuidad. Esas podrían ser algunas de las definiciones que caben a lo sucedido el jueves a la noche.
El “poco” atañe a quienes, desde el Gobierno y sus alrededores, minimizaron por completo la magnitud de la protesta. Al margen de discusiones bizantinas sobre el número  aproximado  de  manifestantes,  fue  mucha  gente.  Mucha.  No  provino  con exclusividad de los barrios acaudalados. No fue sólo en Buenos Aires. Vamos: con ese mismo volumen de muchedumbre, si es del palo decimos que fue imponente. O, por lo menos, que revela la fuerza popular del modelo siendo que ya lleva casi diez años. Y también es veraz que el origen estuvo en las redes sociales, porque no podría haber sido de otra forma a partir de que la oposición dirigencial no existe. Este último dato, en gran medida, es lo que llevó a desmerecer la convocatoria porque su proyección sería  nula, al carecer  de  quienes  la  articulen.  Pero  eso  no significa  que  deje  de prestársele atención. Si es verdad que “siempre volveremos”, como dijo la Presidenta,
también lo es que siempre amenaza la existencia de un núcleo de derecha, activo en
más o en menos según las épocas; y conformado por factores de poder que se nutren
del privilegio propio, junto con la tilinguería que les hace el coro. Eso está y que sea un
paquidermo medio dormido, o espontaneísta, no quiere decir que deje de ser un
elefante.  Tienen  recursos,  ya  lo  demostraron  en  2008  y,  precisamente  por  no
habérselos atendido, se sufrió una derrota que pudo haberse evitado. De esa pérdida se
salió fugando para adelante, cuando nadie lo apostaba. Y es eso lo que vuelve a
imponerse: a más reacción, más acción. Lo de la re-re es una estrategia equivocada
que les proporciona gimnasia aglutinante. Es lo único de que pueden valerse y por eso
lo amplifican.
Del  “demasiado”  no  parece  que  haga  falta  agregar  mucho.   Colegas  de  la
oposición llegaron a permitirse la extravagancia insultante de comparar el jueves a la
noche con 2001. Más de veinte muertos por la represión, cincuenta por ciento de
pobres  e  indigentes,  un  país  incendiado,  fueron  entusiastamente  asimilados  a  un
montón de miles que salieron a pedir “libertad”. La libertad que estaban ejerciendo sin
ningún problema. Se les confirió a los ruidosos la categoría del total de la sociedad, o
de su grueso relevante. Quizás baste y sobre con lo que se le escuchó a un salame
televisado, en rol de conductor, al momento de la desconcentración. Alertó que debía chequearse cómo andaba el Roca, porque los protestadores tenían que volver al sur del
conurbano y esa línea de tren había sufrido inconvenientes durante el día. El tipo se
pegó un viaje hasta el 17 de octubre del `45. Se creyó que andaba viendo las patas en
la fuente de Plaza de Mayo, con las masas indignadas cruzando el Riachuelo. Un tipito,
pero emblematizó la visión de los agentes de prensa que compraron o vendieron estar
ante una gesta épica, inolvidable, determinante.
Queda el tercer aspecto, que se cuela entre esos extremos de los que ningunean
lo ocurrido  y quienes le otorgan un valor histórico. Es un componente  que viene
desarrollándose  hace  cierto  tiempo,  estimulado  por  el  discurso  de  los  medios
opositores. En todo caso, el cacerolazo lo potenció. Los reaccionarios orgánicos se valen
de él porque es una fachada que les permite predicar sus intereses sin retruque
probable, al ser un argumento cuyo mentís es de altísima incorrección política. Pero
también habrá los preocupados legítimos. Gente agotada o inquieta, por ejemplo frente
al hecho de espaciar relaciones, o directamente perder amistades, porque cada vez que
salta lo político  -y no hay forma de que no salte, por un lado o por otro y más
temprano o más tarde- los choques son irreconciliables. Este tercer elemento es eso de
la división de los argentinos. De los riesgos de profundizar las diferencias, de fijarnos en
lo que separa antes que en lo unificador, de no promover el consenso. Eso de que la
confrontación es buscada adrede y no como producto del intercambio de ideas. Eso de
que pueblo dividido es sinónimo de sociedad que no avanzará nunca. Eso de que en
una democracia no hay enemigos sino adversarios. Pues bien: uno ya está harto de
estas boludeces monumentales y cree que es hora de salirles al cruce, porque de lo
contrario se asienta un embuste que impide debates serios. ¿Desde cuándo resulta que
la política no es conflicto invariable y progresivo, si es que realmente hay pugna
ideológica y no una escenografía institucional de cartón? ¿O es tan difícil darse cuenta
de que estos sectores afiebrados por la necesidad de diálogo -para concederles candorson el árbol genealógico de la oligarquía, de las masacres de toda nuestra historia, de
las dos toneladas de bombas sobre civiles indefensos en junio del `55, del genocidio del
`76, del  sultán  riojano  que  añoran,  de  la  deuda  externa  que  socializaron,  de  la
propiedad agropecuaria nacida en cada oreja de indio entregada a las huestes de Roca?
¿De qué diálogo y de qué dictadura hablan? ¿Así que el pueblo fue y es su enemigo,
pero para el pueblo deben ser sus adversarios democráticos?
El sacerdote quilmeño Eduardo de la Serna, coordinador del Grupo de Curas en
Opción por los Pobres Argentinos, le remitió al firmante un texto de sencillez y precisión
arrolladoras, hoy publicado por Página/12, en esencia sobre los cánticos, consignas y
cuestionamientos vertidos el jueves. En su mayoría, aunque lícitos de expresar, eran
totalmente individuales. Y cita. “Quiero salir a la calle sin que me roben”, era el planteo
acerca  de  la  “inseguridad”  en  reemplazo  de  la  seguridad  como  bienestar  social.
“Quiero poder viajar”, como si los millones de pobres hubieran podido ir al extranjero
sin que nadie levantara la voz a favor de ese derecho. “La multitudinaria `marcha del
yo´, preocupada por `mis´derechos, se manifestó coherentemente en que cada `yo´
tenía su propia consigna; no había un `nosotros´, un `Pueblo´, salvo en el extraño
momento en que se cantó aquello de `si éste no es el pueblo…´ (que dicho sea de
paso, al igual que respecto de haber coreado que el pueblo unido jamás será vencido: dejen de robar emblemas de izquierda para aplicarlos a que no pueden conseguir
dólares). (…) Pocas cosas me parecen tan clásicas de la `clase media´ argentina como
su `amor al yo´, el mismo de Sri Sri, el mismo del `yo, argentino´, del `no te metás´,
del `por algo será´, del `en algo andaría´. Multitudinarios `yoes´que pareciera que
nunca pueden mirar un `nosotros´. Hace ya 200 años que estamos habituados a
convivir (?) unos y otros, puerto y pueblos, civilización y barbarie, blancos y negros…
De Proyectos se trata. Pero mientras unos insinúan siempre el deseo del voto calificado,
otros proponen ampliación de derechos aunque los calificados (o clarinificados) no
tomen nota. Total, se han copiado siempre”. Puede agregarse que cuando hay muchas
consignas termina no habiendo ninguna, como no sea una expresión de malhumor. De
odio de clase. Finalmente, de impotencia.
Este editorial termina en primera persona, como es de estilo y pertinente aclarar
cuando un periodista -más aun en rol opinativo- se dispone a violar una regla básica de
la profesión.
Me importa una infinidad cantidad de carajos, y no soy más grosero solamente
para no abusar del efectismo, tener el más mínimo grado de consenso con esta gente.
Casi desde que el mundo es mundo, el mundo se divide en clases. Y en las más
postergadas, por obra de las dominantes de la pirámide y sobre todo en las medias,
que son el jamón del sándwich, hay franjas asemejadas que hasta salen a la calle para
defender intereses que no les son propios sino de quienes las sojuzgan. Ante esa
verdad incontrastable se puede creer que vale convencer a los privilegiados y a sus
loritos por vía del “diálogo”, siempre desparejo gracias a los medios de comunicación
que pertenecen a la clase de punta. O practicar el “centralismo democrático” de dar la
batalla a través de los hechos, tal y como toda la vida hicieron ellos. No quiero saber
absolutamente nada de pacificar relaciones con esta gente. No quiero ni diálogo ni
consenso con quienes vociferan “yegua, puta y montonera”. No quiero sentarme a
soportar, ni por un solo segundo, a los que quieren para Cristina el final de De la Rúa.
Me repugna que salgan a manifestar muchos de los que hace poco más de diez años
canturreaban que entre piquetes y cacerola la lucha era una sola, porque les habían
pasado la cuenta de la fiesta de la rata. No quiero saber nada con esa gente que a la
primera de cambio apoyaría el golpe militar del que ya no disponen. Quiero tener con
ellos una profunda división. Y concentrarme en de cuál manera se garantizaría mejor
que se hundan en el fondo de su historia antropológico-nacional, consistente en que el
negro de al lado no porte ni siquiera el derecho de mejorar un poquito.
Quiero a esa gente cada vez más lejos. Y cuanto más los veo, más seguro estoy.

MARCA DE RADIO, sábado 15 de septiembre de 2012.

viernes, 31 de agosto de 2012

13 Congreso de la Juventud Comunista. Palabras de cierre.


Las tareas de la juventud

El XIIIº Congreso de la Federación Juvenil Comunista de la Argentina se realiza en un contexto mundial en el cual el sistema capitalista atraviesa la crisis más grande de su historia, sin tener una solución para los pueblos y con la amenaza manifiesta de la deriva destructora de su decadencia.
Al mismo tiempo este Congreso se concreta mientras se abre una nueva etapa para el movimiento juvenil en las luchas de clases, tanto en América Latina como en el mundo.
Quizás el antecedente más cercano de una etapa similar lo encontramos en la década del 70 del siglo pasado, cuando de la mano de la radicalización y el protagonismo juvenil se desarrolló un alto nivel de subjetividad revolucionaria con la consigna de lucha por la Patria Socialista.
En aquel momento, la Juventud Comunista realizó su Xº Congreso bajo el fuego de la Triple A, que atentó contra varios delegados congresales, asesinando al camarada Rubén Poggioni, mientras pintaba consignas congresales en su barrio, trágico suceso que quedó inmortalizado en la obra del camarada Bruzzone: “Libertad”.
Hoy la joven generación, en otras condiciones, continúa pagando un precio trágico por sostener este compromiso de cambio, como sucedió con el asesinato de Mariano Ferreyra, cuyos responsables están siendo juzgados en estos días. 
Resulta vital entonces tener claridad sobre las tareas a realizar para acrecentar las posibilidades de una salida positiva a la crisis por el camino de cambios revolucionarios, hacia un horizonte poscapitalista que, a nuestro entender, debe tener carácter socialista.
Para encarar estas tareas es necesario comprender que la crisis capitalista se manifiesta en toda su plenitud a poco tiempo de la victoria del capitalismo en la que llamamos la Tercera Guerra mundial, victoria que no se definió en el terreno bélico tradicional, sino en el ámbito de la política, cultural e ideológico.
Ya en la Carta de los Cinco en marzo de 1990, planteamos que enfrentamos una etapa histórica particularmente compleja, en donde la gran crisis del capital coincide con la crisis de alternativa, y ésta es la  que nos compete, la que debemos resolver, lo que requiere una absoluta claridad, firmeza y consecuencia práctica para determinar cuál es el punto clave, la piedra angular desde la que podremos construir la alternativa.
Los comunistas estamos convencidos de que esta disyuntiva es la unidad de las fuerzas populares en cada país de nuestro continente y la unidad regional. Por eso en este Congreso la FEDE ratificará a la vez, homenajeando la memoria de su madrina, Fanny Edelman, su carácter de fuerza latinoamericana e internacionalista, preparándose para brindar su apoyo en las próximas elecciones que tendrán lugar en Venezuela y El Salvador.
El criterio político imprescindible para la construcción de esta unidad, es que debe contener la heterogeneidad que de los diversos orígenes y trayectorias ideológicas y políticas de quienes están llamados a integrarla.
Por lo tanto es fundamental comprender que el concepto de unidad no es un valor absoluto, abstracto, sino que se proyecta a partir de una firme práctica frentista capaz de ir agrupando y amalgamando fuerzas de orígenes y culturas políticas diversas, con objetivos comunes, cuyo punto de partida puede ubicarse en el logro de una correlación de fuerzas favorable para enfrentar los planes de las derechas y el imperio.
Si partimos de este enfoque, la política frentista y la construcción de poder popular son componentes centrales de todo proyecto que busque la verdadera unidad del campo popular.
Sabemos que este no es el único proyecto político  entre quienes se plantean la conformación de una alternativa. Nos encontramos con proyectos que plantean que la unidad se logrará a partir de un “vanguardismo” iluminado tras el cual alinear las diversas identidades políticas, otros entienden que la alternativa depende de la cooptación, subordinación o directa dilución tras las fuerzas del bipartidismo, lo que sólo podría derivar en un bipartidismo de frentes hegemonizados por el PJ o la UCR, que siguen proponiendo la preeminencia de una burguesía, a la que caracterizan como nacional, pero que en realidad está subordinada al imperio y es incapaz de pensar y actuar con autonomía.
Por esto resulta fundamental fortalecer el papel de las fuerzas que empujan la unidad desde un frentismo con carácter antiimperialista, que hoy significa ser anticapitalista. Estas fuerzas existen, actúan en la vida política nacional, pero se encuentran dispersas. No debemos olvidar que sobre estas fuerzas, entre las cuales nos encontramos los comunistas, además de los problemas propios, opera constantemente el enemigo, claramente desde afuera y veladamente desde el interior de las mismas, alimentando diferencias que llevan tanto a la dispersión como al debilitamiento y al inmovilismo. Derrotar estas tendencias y avanzar firmemente en el camino del frentismo y la unidad es la tarea principal que tenemos por delante.
Trabajo éste que interpela y requiere el compromiso de todas y todos los revolucionarios y antiimperialistas y debe ser asumido por todas las generaciones que transitan y comparten estos objetivos históricos. Pero sin duda, es a las jóvenes generaciones a quienes corresponde jugar un papel dinamizador y protagónico.
No exageramos si decimos que desde que San Martín y Bolívar lograron unir a diversos sectores patrióticos para encarar el proceso emancipatorio, esta tarea es una deuda pendiente.
Hemos tenido no pocas  oportunidades para avanzar en la unidad. El antecedente más inmediato fue la década del 70, pero en esos momentos no se comprendió la tarea de la unidad, fuimos arrastrados por la idea de la competencia entre los distintos sectores, no ya para hegemonizar e influir en la dirección a seguir, sino por transformarse en una mal entendida vanguardia cuando se trataba de generar alternativa por el camino de la confluencia. Este error nos llevó al fracaso.
Nadie puede garantizar que el esfuerzo unitario sea fructífero y sus logros irreversibles, pero en condiciones de unidad las posibilidades de éxito crecen de forma importante.
Hoy se nos presenta una nueva oportunidad, aunque partimos de una debilidad mayor, tenemos la necesidad de no caer nuevamente en los viejos errores que surgen tanto del sectarismo como del oportunismo político.
La unidad requiere de una fuerza frentista que logre trascender la lógica electoral, talón de Aquiles de todos los procesos en desarrollo en América y el mundo. Paraguay, España, Grecia, ejemplifican un déficit en el esfuerzo unitario.
Nosotros tuvimos una oportunidad en 2008 cuando se enfrentó el lockout del campo, sin embargo no prosperó. Hace con la experiencia del acto de Vélez Sarsfield, se produjo un dato poderoso que debemos llevar a buen puerto.
Debemos extremar todos los esfuerzos porque la unidad es fundamental para defender los procesos latinoamericanos, no sólo para frenar los intentos desestabilizadores y golpistas, sino para avanzar en transformaciones profundas, para lo cual tenemos que producir profundos cambios en la correlación de fuerzas en el plano del gobierno y en la estructura de poder que continua casi indemne.
Nuestra Juventud Comunista está llamada a jugar un papel central en esta tarea, en la que el concepto de unidad debe ser abordado integralmente, lo que supone la confluencia de todos los sectores del campo popular y la sólida unidad de la FEDE en la construcción de un proyecto de país en común.
Para esto tenemos que superar la errónea noción instrumental de la unidad entendida  sólo como confluencia de sectores sociales o agrupamiento meramente electoral. La unidad debe ser política y social, construida alrededor de un proyecto de cambio estructural, de transformaciones que afecten no sólo las aristas más duras del neoliberalismo, como sucede hoy, sino sus aspectos profundos, que avance en el camino de una nueva sociedad.
Tenemos la convicción de que no existe un capitalismo malo o anarco-financiero y un capitalismo bueno o serio. El capitalismo, más allá de la máscara que adopte, es un sistema económico-social destructivo que pone en peligro la supervivencia misma de la humanidad. Por eso tiene que ser superado.
Estamos consolidando una Juventud Comunista en condiciones de realizar un aporte decisivo a la unidad de la joven generación. Esta es una necesidad que puede concretarse en primer lugar por las condiciones históricas existentes y en segundo lugar por la fuerza subjetiva del marxismo y de la línea de la revolución socialista de liberación nacional y social, que es la línea del Partido Comunista y de su juventud.
Para hacerlo posible, la Juventud Comunista también ha acumulado una masa crítica de fuerza militante y un valioso núcleo de cuadros que le permiten dar un salto importante en su crecimiento y consolidación a través de un trabajo y compromiso constante con la unidad en la práctica revolucionaria.
Esta es la tarea a enfrentar y resolver en esta etapa histórica en la Argentina y en el mundo y la Juventud Comunista está en condiciones de hacerlo, llevando adelante con firmeza la línea política e ideológica del Partido Comunista y abordando con plasticidad y creatividad organizativa las características con las que la joven generación se incorpora actualmente a la lucha política en el siglo XXI.
Esta es la verdadera forma de dar continuidad y homenajear el heroísmo de la generación del 70. Para eso estamos formando una nueva generación de militantes y de cuadros revolucionarios que pueda vincular con eficacia y con fluidez la tarea de la amplitud y de la profundidad programática de la unidad de acción.
Cuadros que sepan valorar la lucha por cada reivindicación sin caer en el posibilismo, que sepan valorar cada reforma lograda sin dejarse ganar por el reformismo, para lo cual es necesario tener una elevada formación y capacidad política para vincular estas luchas y conquistas con la batalla de fondo, la que libramos por el verdadero cambio revolucionario. Para esto es fundamental la construcción de un Movimiento Juvenil Antiimperialista de Liberación Nacional y Social.      

Buenos Aires 18 de agosto de 2012

viernes, 20 de julio de 2012

Unidad, organización y Poder Popular

La profunda crisis capitalista, que con epicentro en Europa y los EEUU derrama inevitablemente sus efectos en todo el mundo, pone en primer plano la imposibilidad manifiesta del capitalismo para siquiera menguar sus efectos sobre la sociedad. Esta situación nos impone la necesidad de avanzar firmemente en nuestro país en la construcción de una alternativa poscapitalista, en el camino de una revolución socialista de liberación nacional.
Queda claro el fracaso de las políticas de ajuste social implementadas en Europa, las cuales sólo han profundizado los efectos de la crisis y la inoperancia de los enormes salvatajes realizados a los bancos y entidades financieras, responsables directos de la crisis existente. Siguiendo las recetas habituales, los ajustes se enfocan sobre los sectores más débiles, se busca defender a toda costa que los ricos no paguen más, y se recarga la crisis sobre los más desprotegidos.
Alarma el negativo protagonismo de Alemania como gendarme disciplinador de la economía Europea en línea con el papel que juega la llamada “troika”, integrada por representantes de la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional en la supervisión de los planes de ajuste y en el rescate de la banca.
Al caso de Grecia, que es un ejemplo claro de estas políticas, hoy se suma el desbarranque de la economía Española, en donde el gobierno conservador del PP sólo atina a implementar disciplinadamente los salvajes ajustes dictados por las autoridades europeas, reprimiendo a quienes se oponen a los mismos y poniendo a su país al borde de una catástrofe social.
Resultan también indisimulables los efectos de la crisis en los EEUU con fuertes consecuencias sociales y una alta desocupación que complica el panorama en medio de la campaña electoral, lo que intensifica la tendencia del imperio a aumentar su agresividad proporcionalmente al agravamiento de su crisis como se verifica de manera sumamente preocupante en la nueva ola intervencionismo y agresión contra Siria e Irán, que pone a la región al borde de una guerra de resultados catastróficos. 
Esto mismo se refleja en nuestro continente. Partiendo de la valoración de los procesos de segunda independencia que buscan llevar adelante varios países de la región, debemos llamar la atención sobre las medidas que estaban tomando los EEUU para recomponer su desgastada hegemonía en nuestro continente.
En este sentido vemos como la administración Obama lleva adelante un manual de instrucciones desestabilizadoras que se suma al manto de agresión y amenaza militar en la región (IV Flota, Bases, continuidad del Plan Colombia) y el impulso de maniobras políticas como el fomento a las derechas opositoras, el hostigamiento a los gobiernos populares, golpes de Estado consumados como en Honduras y Paraguay, o fracasados como en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Un dato clave en este esquema del imperialismo es su fuerte apuesta por consolidar la posición de los países del llamado Arco del Pacifico como mecanismo de contención a los procesos emancipadores.
Resulta indispensable sostener los procesos de transformación que se vienen dando en nuestra región frente a los avances de las derechas y el imperio, y en este sentido debemos realizar todos nuestros esfuerzos para contribuir a garantizar el triunfo del presidente Chávez en las elecciones del próximo 7 de octubre, donde se juega en gran medida la suerte de los proyectos integracionistas y emancipadores de nuestra América.
Por eso los comunistas nos comprometemos a continuar y acentuar la lucha por conseguir la unidad del campo popular, por la constitución del Frente de Liberación Nacional y Social que proponemos.
Debemos reforzar el camino que tuvo un mojón fundamental en el Encuentro de Mar del Plata de fines del 2011, en donde nos reunimos para celebrar el aniversario del entierro del ALCA (en donde Kirchner jugó un gran papel en acuerdo con Chávez y Fidel y los demás presidentes progresistas de la región), y decidimos constituir un foro antiimperialista permanente entre las distintas fuerzas allí presentes. Foro que debe trabajar en nuestro país la línea que están siguiendo el ALBA, el MERCOSUR, la UNASUR y la CELAC como articuladores fundamentales de los procesos de integración regional que buscan fortalecer la autonomía política y económica de la región.
Nos alienta también la constitución del Frente Nacional por la Soberanía Energética, FRENASE. Este espacio está en proceso de conformación en todo el país para enfrentar uno de los desafíos más importantes que tenemos como lo es la recuperación de la Soberanía Energética para lo cual se ha dado un primer paso muy importante con la recuperación de las acciones de YPF en manos de REPSOL. 
Y en este camino nos alientan especialmente las presencias y el contenido que tuvo el acto realizado en Vélez Sarsfield. Sabemos que puede haber varias interpretaciones de ese acto, pero nosotros valoramos el llamado a la unidad y a la organización hecho por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como una convocatoria a la construcción de un gran frente. Es desde esta perspectiva con la que realizamos nuestra caracterización del gobierno, de las fuerzas que lo componen y valoramos la actitud que en ese acto tuvieron los compañeros del Movimiento Evita, La Campora, la Kolina, el Frente Transversal, la CTA de los trabajadores y los diversos sectores kirchneristas que estuvieron allí presentes al igual que la importante presencia del Frente Nuevo Encuentro, espacio que integramos, que valoramos y que sabemos que es importante pero no suficiente, que debe ampliarse aún más. 
Esta unidad amplia políticamente y profunda en lo programático, es la que debemos fortalecer para enfrentar las avanzadas del imperio, que intentó recientemente instalar en nuestro país una base de operaciones en la provincia del Chaco, la cual fue oportunamente rechazada por la movilización popular y el gobierno. Pero el imperio, que no cesa en presionar ante los avances alcanzados en la región, ha logrado que a través de la presión del GAFI se apruebe en nuestro país la llamada Ley Antiterrorista. Nos hemos opuesto a esta ley desde su implementación en 2007 y hoy, ante esta nueva versión de la misma, nos seguimos movilizando y hemos presentado nuevamente un proyecto de ley exigiendo su inmediata derogación. 
Con este enfoque y desde nuestra cultura política, los comunistas llamamos unir fuerzas, a trabajar y a darle consistencia a la unidad de los sectores populares en un amplio Frente de carácter antiimperialista. El mismo debe contener y reconocer a las distintas identidades políticas en que se agrupan las corrientes ideológicas en la Argentina: el marxismo socialista, comunista; el nacionalismo popular revolucionario y el cristianismo revolucionario.
Esta unidad es inseparable del debate y de la disputa. 
Tenemos un debate con los sectores de izquierda que sobre la base de sostener que aquí hay una lucha interburguesa atacan al gobierno argentino y a otros gobiernos progresistas latinoamericanos para terminar, como ocurrió con la 125 en el Monumento de los Españoles, con los sectores más reaccionarios del país.
Tenemos un debate también con los sectores socialdemócratas y socialcristianos agrupados en el FAP que, luego de haber coqueteado con la oligarquía por la 125, hoy, en concordancia con la debacle en que ha caído la socialdemocracia en el mundo luego de haber asumido la administración de los modelos neoliberales y los dictados del FMI desmantelando los Estados de Bienestar, han quedado encerrados en la lógica burguesa de reducir la política a un posicionamiento electoralista entre oficialismo y oposición.
La constitución del Frente que proponemos nos otorgaría indiscutiblemente más fuerza para enfrentar a la derecha, para defender lo logrado y sobre todo para avanzar decididamente sobre lo que falta, ya que solo avanzando, y avanzando firme y audazmente podremos evitar retroceder.
La necesidad de avanzar en la profundización de las transformaciones se hace evidente en el contexto de la crisis capitalista mundial y, como no podía ser de otra forma, esto comienza a generar fuertes disputas también al interior del gobierno. Se hacen cada vez más evidentes las diferencias entre los tradicionales “pejotistas” y los “kirchneristas”. Esto se manifiesta en la superficie en el conflicto desatado con Daniel Scioli, autoproclamado candidato presidencial al 2015 y favorito de los monopolios mediáticos y en el enfrentamiento con Hugo Moyano, que al igual que los llamados “gordos” de la CGT que hoy negocian con el gobierno, representan un modelo sindical burocrático y empresarial agotado que es necesario superar en esta etapa, lo que sólo será posible a partir de la construcción de un poderoso frente popular y de los trabajadores con autonomía política que impulse y sostenga las impostergables transformaciones estructurales que necesitamos. 
Una de las leyes fundamentales para defender los procesos latinoamericanos, entre ellos el argentino, es el de avanzar y profundizar las transformaciones.
Hasta ahora, los procesos latinoamericanos han realizado la importante tarea de limar los perfiles más duros del neoliberalismo y esto ha sido muy importante, pero en esta nueva etapa se trata de avanzar no sólo con importantes medidas anticíclicas, sino también con medidas anti-sistema impulsando cambios estructurales, lo cual nos enfrentara a obstáculos y resistencias cada vez más duros ya que avanzar en este sentido es atacar la estructura misma del capitalismo.
Por eso necesitamos cada vez más fuerza, más unidad y más organización para alcanzar una unidad programática que, a nuestro entender, debe contener estos ejes centrales:

-Más integración de los pueblos latinoamericanos en el plano económico-político.
-Efectiva distribución de la riqueza y reforma impositiva.
-Plena recuperación de la soberanía del Estado sobre el patrimonio nacional enajenado y nuestros recursos naturales.
-Avanzar en la transformación del sistema financiero.
-Impulsar el Desarrollo rural y la Reforma Agraria
-Fortalecer la promoción de la economía social 
-Profundizar la ampliación democrática 

Lo que ha fracasado en la Argentina es el capitalismo, y no hay ningún tipo de capitalismo, serio o como se lo quiera llamar que nos pueda sacar de esta crisis.
Por eso planteamos avanzar en el debate sobre una sociedad poscapitalista, socialista en el sentido que lo planteaba Mariátegui, original, nunca copia, un socialismo como creación heroica de los pueblos latinoamericanos.
Este es el camino por el cual podremos avanzar hacia la solución de los problemas de nuestro pueblo.
Esto tiene como requisito insustituible la unidad y una unidad articulada, organizada, construida por abajo ya que tiene que ser una unidad en función de un nuevo tipo de poder, de poder popular. 
La desunión no sólo nos amenaza con el estancamiento, sino que lo hace con algo peor que es la vuelta al pasado. Solo la unidad puede llevarnos al futuro, como decía el Che: Si supiéramos unirnos, que bello seria el futuro y que cercano.

Declaración del Partido Comunista de la Argentina
 Julio de 2012

domingo, 1 de julio de 2012

Reclamos justos para la profundización y no para la restauración

Comunicado de la Federación Juvenil Comunista de la provincia de Buenos Aires ☭

Miércoles 27 de junio de 2012

Reclamos justos para la profundización y no para la restauración

Desde la Fede de la provincia de Buenos Aires consideramos absolutamente legítimos los reclamos de aumento del mínimo no imponible y asignación familiar sin restricciones. Rechazamos absolutamente los postulados de los economistas burgueses que sostienen que el salario es ganancia queriendo cargar sobre los trabajadores la presión tributaria que no se ejerce sobre la renta minera o financiera.

Así mismo queremos denunciar que sobre reclamos legítimos de la clase obrera se están montando los intereses del imperialismo y sus lacayos que aprovechan la situación para desestabilizar procesos democráticos y populares. Lo sucedido en Paraguay y las intentonas golpistas desatadas en las últimas horas en Bolivia son señales que encienden la luz de alerta y nos obligan a ser absolutamente cuidadosos y responsables. Por ello lamentamos profundamente que haya sectores de la izquierda y el nacionalismo popular que sumergidos en la lógica oficialismo/oposición, terminen siendo funcionales a los intereses de la derecha y el imperialismo.

Sostenemos que la salida a todas estas problemáticas se encuentra en la profundización de la distribución de la riqueza, que pese a las conquistas obtenidas desde el 2001 hasta la fecha, todavía favorece ampliamente al capital sobre el trabajo. Por ello sostenemos que hoy en día en la Argentina no puede haber ningún trabajador cuyo salario se encuentre por debajo de los $5.000.

Así mismo llamamos a toda la juventud trabajadora de la provincia de Buenos Aires a organizarse en sus lugares de trabajo para romper con los pactos entre las burocracias sindicales y las patronales. Romper los techos salariales, liberar al salario de cualquier tipo de presión tributaria y la asignación familiar sin restricciones no es una demanda coyuntural sino un derecho de los trabajadores. Creemos que dichos reclamos no pueden ser tomados y empañados por aquellos que pretender volver al neoliberalismo y terminar con los procesos de integración latinoamericana, sino que tienen que formar parte de una base programática del campo popular que apunte a la radicalización de los procesos de cambio en nuestro continente y no a la restauración conservadora.

FEDERACIÓN JUVENIL COMUNISTA DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES